¡A los cristianos
católicos de la Diócesis de Cabimas y a todos los hombres y mujeres de buena
voluntad que peregrinan en la Costa Oriental del Lago!
Amado Pueblo Santo de Dios:
Me dirijo a todos y a cada uno de ustedes, con
ocasión de la Campana “Apoya a tu Iglesia”, en mi condición de Administrador
Apostólico de la Diócesis de Cabimas, servicio que presto entre ustedes por
voluntad de la Santa Madre Iglesia y por nombramiento del Santo Padre, el Papa
Francisco, hasta que monseñor William Delgado pueda retomar el pastoreo de esta
Grey.
La Campana nacional “Apoya a tu Iglesia”, que se
realiza en la Solemnidad de Cristo Rey, es organizada anualmente por la
Conferencia Episcopal Venezolana y su objetivo principal, en nuestra Diócesis
de Cabimas, es apoyar y sostener las obras de la Iglesia en la Costa Oriental
del Lago, además de cooperar con el mejor funcionamiento de la Iglesia
Venezolana.
Las palabras que dirigió el apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto, cuando organizó una colecta a favor de las comunidades cristianas más pobres, son propicias para motivar esta colecta, que cada año se realiza en toda la extensión de nuestra patria. En efecto, el Apóstol San Pablo escribe: “aunque probados por muchas tribulaciones, han rebosado de alegría y su extrema pobreza ha desbordado en tesoros de generosidad…Y del mismo modo que sobresalen en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que les hemos comunicado, sobresalgan también, en esta generosidad. No es una orden, sólo quiero mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de su caridad. Pues conocen la sinceridad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de enriquecerlos con su pobreza” (2Cor. 8, 8 -10).
Las palabras que dirigió el apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto, cuando organizó una colecta a favor de las comunidades cristianas más pobres, son propicias para motivar esta colecta, que cada año se realiza en toda la extensión de nuestra patria. En efecto, el Apóstol San Pablo escribe: “aunque probados por muchas tribulaciones, han rebosado de alegría y su extrema pobreza ha desbordado en tesoros de generosidad…Y del mismo modo que sobresalen en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que les hemos comunicado, sobresalgan también, en esta generosidad. No es una orden, sólo quiero mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de su caridad. Pues conocen la sinceridad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de enriquecerlos con su pobreza” (2Cor. 8, 8 -10).
En las visitas que hasta ahora he realizado a las
diferentes parroquias y centros, he percibido con beneplácito que ustedes se
distinguen por una fuerte fe en Dios, en su Santísima Madre, en sus diferentes
advocaciones, y en San Benito; una alegría desbordante, como fruto de su unión
al Señor aún en medio de tanta carestía; un compromiso concreto de asistencia y
promoción humana, manifestado en las diferentes obras de misericordia,
sociales, educativas, medicas; y una gran esperanza, que les ayuda a dar lo
mejor de sí para construir la sociedad según la voluntad divina.
Todo esto, nos genera jubilo espiritual, y nos compromete,
como comunidad cristiana, a ser una Iglesia, solidaria, misericordiosa,
fraterna y samaritana, para que los alejados y los que buscan a Dios, aún sin
saberlo, puedan exclamar “miren como se aman” y “brillando nuestra luz delante
de los hombres, puedan ver nuestras buenas obras, y glorifiquen al Padre, que
está en los cielos”. Gran responsabilidad la que nos ha encomendado el Señor en
estos momentos duros que nos ha tocado vivir: de nuestra generosidad dependerá
que muchos puedan recibir también el don inestimable de la fe.
Así pues, además de compartir con los demás nuestra
fe, hecha obra, como discípulos de Cristo, debemos apoyar económicamente a la
Iglesia, comunidad de fieles, de la cual hemos recibido los medios de la
salvación: los sacramentos y la fe y ayudas materiales de todo tipo.
A lo largo de la historia de la salvación y de la
Iglesia, los cristianos católicos, siguiendo las palabras de Jesús, han
colaborado, no sólo con la dedicación de su tiempo personal y cualidades
humanas y cristianas, sino también con puesta en servicio de sus propios bienes
materiales, en la predicación del evangelio. Así lo expresan el apóstol San
Pablo y de los Hechos de los Apóstoles: “Cada uno debe dar lo que ha decidido
en su corazón, y no de mala gana o a la fuerza, porque Dios ama al que da con
alegría” (2Cor 9, 6-8). Sabiendo que “hay más alegría en dar que en recibir”
(Hch. 20, 35).
El fruto de esta colecta lo destinaremos al pago del
seminario Santo Tomás, institución en que se forman actualmente 14 seminaristas,
los cuales, Dios mediante, serán los futuros sacerdotes de nuestra diócesis; al
pago de compromisos laborales que tenemos con 4 trabajadores que prestan sus
servicios en la Curia Diocesana, a subvencionar la cuota del Instituto de
Previsión del Clero, al sostenimiento de algunos sacerdotes de nuestro
presbiterio, que se encuentran en lugares deprimidos socialmente; a las obras
de caridad que lleva adelante la Diócesis, entre otras cosas. Un porcentaje de
la colecta será entregado a la Conferencia Episcopal de Venezuela.
Después de consultar el Consejo Episcopal, y en uso
de mis atribuciones como obispo, he decidido que, una vez recitada la oración
postcomunión, en todas las misas de las Iglesias Parroquiales, filiales y
centros de cultos se realice una segunda colecta, después que se lea esta carta
a los fieles, y se entregue lo recolectado a la Administración de la Curia,
personalmente o a través de transferencia bancaria, en el lapso de la primera
quincena de diciembre. En las Redes Sociales de la Diócesis, se publicarán,
además, los datos de las cuentas bancarias de la diócesis, habida cuenta de la
escasez de efectivo. En el mes de enero, presentaremos, a través de una misiva,
como ésta, el resultado de la colecta
“Apoya a tu Iglesia” y los objetivos y fines en los
se emplearon esos recursos.
Queridas hermanas y hermanos, la Iglesia de Jesucristo, que también es mi Iglesia, tu Iglesia, nuestra Iglesia, para poder cumplir su misión y ser instrumento de salvación en el mundo, depende de todos y cada uno de nosotros, de nuestra conciencia de ser parte de ese pueblo y el compromiso que de él se deriva. Confiemos en la Palabras del Señor: “Den y Dios les dará. Él les dará una bolsa con provisiones, generosa, apretada, sacudida y repleta, porque la misma medida que usen para los demás, Dios la usará para ustedes” (Lc. 6, 38). Servidor de ustedes,
Queridas hermanas y hermanos, la Iglesia de Jesucristo, que también es mi Iglesia, tu Iglesia, nuestra Iglesia, para poder cumplir su misión y ser instrumento de salvación en el mundo, depende de todos y cada uno de nosotros, de nuestra conciencia de ser parte de ese pueblo y el compromiso que de él se deriva. Confiemos en la Palabras del Señor: “Den y Dios les dará. Él les dará una bolsa con provisiones, generosa, apretada, sacudida y repleta, porque la misma medida que usen para los demás, Dios la usará para ustedes” (Lc. 6, 38). Servidor de ustedes,
+Ángel Caraballo Fermín
Administrador Apostólico de Cabimas.
CUENTA PARA DEPOSITAR.
Banco Mercantil
Diócesis de Cabimas.
RIF G-200063092
CUENTA; 0105-0071-13-1071229214
dicabi@hotmail.com
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