martes, 28 de noviembre de 2017

MENSAJE DEL EXCELENTÍSIMO MONSENOR ANGEL FRANCISCO CARABALLO FERMIN ADMINISTRADOR APOSTÓLICO DE LA DIÓCESIS DE CABIMAS CON OCASIÓN DE LA COLECTA “APOYA A TU IGLESIA 2017”

¡A los cristianos católicos de la Diócesis de Cabimas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que peregrinan en la Costa Oriental del Lago!
Amado Pueblo Santo de Dios: 
Me dirijo a todos y a cada uno de ustedes, con ocasión de la Campana “Apoya a tu Iglesia”, en mi condición de Administrador Apostólico de la Diócesis de Cabimas, servicio que presto entre ustedes por voluntad de la Santa Madre Iglesia y por nombramiento del Santo Padre, el Papa Francisco, hasta que monseñor William Delgado pueda retomar el pastoreo de esta Grey.
La Campana nacional “Apoya a tu Iglesia”, que se realiza en la Solemnidad de Cristo Rey, es organizada anualmente por la Conferencia Episcopal Venezolana y su objetivo principal, en nuestra Diócesis de Cabimas, es apoyar y sostener las obras de la Iglesia en la Costa Oriental del Lago, además de cooperar con el mejor funcionamiento de la Iglesia Venezolana.
Las palabras que dirigió el apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto, cuando organizó una colecta a favor de las comunidades cristianas más pobres, son propicias para motivar esta colecta, que cada año se realiza en toda la extensión de nuestra patria. En efecto, el Apóstol San Pablo escribe: “aunque probados por muchas tribulaciones, han rebosado de alegría y su extrema pobreza ha desbordado en tesoros de generosidad…Y del mismo modo que sobresalen en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que les hemos comunicado, sobresalgan también, en esta generosidad. No es una orden, sólo quiero mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de su caridad. Pues conocen la sinceridad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de enriquecerlos con su pobreza” (2Cor. 8, 8 -10).
En las visitas que hasta ahora he realizado a las diferentes parroquias y centros, he percibido con beneplácito que ustedes se distinguen por una fuerte fe en Dios, en su Santísima Madre, en sus diferentes advocaciones, y en San Benito; una alegría desbordante, como fruto de su unión al Señor aún en medio de tanta carestía; un compromiso concreto de asistencia y promoción humana, manifestado en las diferentes obras de misericordia, sociales, educativas, medicas; y una gran esperanza, que les ayuda a dar lo mejor de sí para construir la sociedad según la voluntad divina. 
Todo esto, nos genera jubilo espiritual, y nos compromete, como comunidad cristiana, a ser una Iglesia, solidaria, misericordiosa, fraterna y samaritana, para que los alejados y los que buscan a Dios, aún sin saberlo, puedan exclamar “miren como se aman” y “brillando nuestra luz delante de los hombres, puedan ver nuestras buenas obras, y glorifiquen al Padre, que está en los cielos”. Gran responsabilidad la que nos ha encomendado el Señor en estos momentos duros que nos ha tocado vivir: de nuestra generosidad dependerá que muchos puedan recibir también el don inestimable de la fe. 
Así pues, además de compartir con los demás nuestra fe, hecha obra, como discípulos de Cristo, debemos apoyar económicamente a la Iglesia, comunidad de fieles, de la cual hemos recibido los medios de la salvación: los sacramentos y la fe y ayudas materiales de todo tipo. 
A lo largo de la historia de la salvación y de la Iglesia, los cristianos católicos, siguiendo las palabras de Jesús, han colaborado, no sólo con la dedicación de su tiempo personal y cualidades humanas y cristianas, sino también con puesta en servicio de sus propios bienes materiales, en la predicación del evangelio. Así lo expresan el apóstol San Pablo y de los Hechos de los Apóstoles: “Cada uno debe dar lo que ha decidido en su corazón, y no de mala gana o a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9, 6-8). Sabiendo que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch. 20, 35).
El fruto de esta colecta lo destinaremos al pago del seminario Santo Tomás, institución en que se forman actualmente 14 seminaristas, los cuales, Dios mediante, serán los futuros sacerdotes de nuestra diócesis; al pago de compromisos laborales que tenemos con 4 trabajadores que prestan sus servicios en la Curia Diocesana, a subvencionar la cuota del Instituto de Previsión del Clero, al sostenimiento de algunos sacerdotes de nuestro presbiterio, que se encuentran en lugares deprimidos socialmente; a las obras de caridad que lleva adelante la Diócesis, entre otras cosas. Un porcentaje de la colecta será entregado a la Conferencia Episcopal de Venezuela.
Después de consultar el Consejo Episcopal, y en uso de mis atribuciones como obispo, he decidido que, una vez recitada la oración postcomunión, en todas las misas de las Iglesias Parroquiales, filiales y centros de cultos se realice una segunda colecta, después que se lea esta carta a los fieles, y se entregue lo recolectado a la Administración de la Curia, personalmente o a través de transferencia bancaria, en el lapso de la primera quincena de diciembre. En las Redes Sociales de la Diócesis, se publicarán, además, los datos de las cuentas bancarias de la diócesis, habida cuenta de la escasez de efectivo. En el mes de enero, presentaremos, a través de una misiva, como ésta, el resultado de la colecta
“Apoya a tu Iglesia” y los objetivos y fines en los se emplearon esos recursos.
Queridas hermanas y hermanos, la Iglesia de Jesucristo, que también es mi Iglesia, tu Iglesia, nuestra Iglesia, para poder cumplir su misión y ser instrumento de salvación en el mundo, depende de todos y cada uno de nosotros, de nuestra conciencia de ser parte de ese pueblo y el compromiso que de él se deriva. Confiemos en la Palabras del Señor: “Den y Dios les dará. Él les dará una bolsa con provisiones, generosa, apretada, sacudida y repleta, porque la misma medida que usen para los demás, Dios la usará para ustedes” (Lc. 6, 38). Servidor de ustedes, 

+Ángel Caraballo Fermín
Administrador Apostólico de Cabimas.
CUENTA PARA DEPOSITAR.
Banco Mercantil
Diócesis de Cabimas.
RIF G-200063092
CUENTA; 0105-0071-13-1071229214
dicabi@hotmail.com


SALUTACIÓN DEL ADMINISTRADOR APOSTÓLICO “SEDE PLENA”, MONSENOR ANGEL CARABALLO, AL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN CABIMAS.

Amado Pueblo de Dios que peregrina en Cabimas.
El Papa Francisco, teniendo en cuenta la salud de nuestro querido monseñor William Delgado y el bien de la Iglesia, ha tenido a bien nombrarme Administrador Apostólico “Sede Plena” de esa querida diócesis, concediéndome las facultades que, a norma del Derecho, le competen al Obispo diocesano, a partir del 28 de Septiembre del presente año. Por ser hija de la Arquidiócesis de Maracaibo y pertenecer a la misma Provincia, esta nueva tarea, la llevaré adelante con holgura y destreza.
Este nombramiento permitirá a Monseñor William, quien ya lleva doce años, dando la vida por sus fieles, tomar un tiempo para dedicarse a su recuperación física, pues sabemos que aún tiene mucho que dar a la Iglesia. A él agradecemos, su generosidad, cercanía, jovialidad y su amor incondicional a esta diócesis; y nos comprometemos a orar por él.
Agradecemos de corazón al Santo Padre, a la Congregación para los Obispo y monseñor Aldo Giordano, nuncio apostólico, su continua preocupación por la recuperación plena de Monseñor, así como del bien de la comunidad diocesana en este momento tan difícil que atraviesa nuestra patria. 
El Administrador Apostólico “Sede Plena” posee potestad ordinaria vicaria, es decir, ejercitada en nombre del Papa; y el titular, en este caso, Mons. William, continúa en el cargo como Obispo de Cabimas.
Por indicaciones del Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Giordano, seguiré ayudando a Mons. Ubaldo Santana, en el pastoreo de la Grey Marabina, como su obispo auxiliar. 
He aceptado esta designación, con obediencia, pronta y alegre, hacia el Vicario de Cristo, y con mucha fe, porque soy consciente que el Señor me otorgará las gracias para desempeñar cabalmente esta misión. 
Vean en mi a un ‘’Servidor de todos”, fiel prudente y bondadoso, que quiere dar lo mejor de sí, que le gusta trabajar en forma sinodal, y que confía plenamente en el papel importante de todos los fieles cristianos en la edificación del Pueblo de Dios.
En el tiempo prudencial que estaré cumpliendo esta misión, los sacerdotes serán los primeros destinatarios de mis desvelos, pues creo firmemente que cada uno de ellos es una transparencia real viva y eficaz de Jesús, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia; son los colaboradores inmediatos del obispo, y que el bien de la Iglesia depende principalmente de la santidad y la fidelidad de sus pastores. Seré para ellos, padre, pastor hermano y amigo. A los seminaristas, a quienes ya conozco personalmente, les invito a seguir preparándose seriamente para que sean, en el futuro, los pastores que la Iglesia necesita.
Los religiosos y religiosas, recibirán mi atención y mi profundo agradecimiento por el bien inmenso que hacen a la Iglesia, en los ámbitos de la educación, salud y evangelización, y su testimonio de santidad, que prefigura lo que seremos en la otra vida.
Los agentes de pastoral, que trabajan en las diferentes instituciones de la Iglesia, les animo a seguir adelante, siendo “sal y luz de la tierra”, “levadura en la masa”’ y “testigos creíbles de la resurrección de Jesús”, y que juntos, vayamos al encuentro de los empobrecidos, los desplazados, los ancianos abandonados, los enfermos no atendidos convenientemente, para seguir el llamado del Papa Francisco: “abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de nuestra fraternidad” (MV, 15)
Y, como Buen Pastor, entraré en contacto directo y personal, con los que profesan otra fe, con los alejados y con los que han abandonado la fe. 
Agradezco a todos ustedes su oración, su cooperación y su compromiso, para que sigamos construyendo la civilización del amor, y continuemos sembrando los valores evangélicos, de tal manera que la Iglesia sea signo de unidad e instrumento de paz y esperanza entre los hombres, en esta sociedad venezolana tan polarizada por posturas políticas e ideológicas.
Pedimos a Dios, y a su Santísima madre, Nuestra Señora del Rosario, y San Benito de Palermo, por el Pastor de esta Diócesis, Mons., William, a fin de que recupere, pronta y plenamente, su salud corporal y espiritual, y pueda incorporarse de nuevo a su ministerio episcopal.
La Santísima Virgen María, que acompañó a los apóstoles en Pentecostés, nos acompañe a todos, laicos y pastores, y nos ayude a cumplir la voluntad de su Hijo.

+Mons. Ángel Caraballo
Administrador Apostólico “Sede Plena” de Cabimas y
Obispo Auxiliar de Maracaibo.