El
Papa Francisco, teniendo en cuenta la salud de nuestro querido monseñor William
Delgado y el bien de la Iglesia, ha tenido a bien nombrarme Administrador
Apostólico “Sede Plena” de esa querida diócesis, concediéndome las facultades
que, a norma del Derecho, le competen al Obispo diocesano, a partir del 28 de
Septiembre del presente año. Por ser hija de la Arquidiócesis de Maracaibo y
pertenecer a la misma Provincia, esta nueva tarea, la llevaré adelante con
holgura y destreza.
Este
nombramiento permitirá a Monseñor William, quien ya lleva doce años, dando la
vida por sus fieles, tomar un tiempo para dedicarse a su recuperación física,
pues sabemos que aún tiene mucho que dar a la Iglesia. A él agradecemos, su
generosidad, cercanía, jovialidad y su amor incondicional a esta diócesis; y
nos comprometemos a orar por él.
Agradecemos de corazón al Santo Padre, a la Congregación para los Obispo y monseñor Aldo Giordano, nuncio apostólico, su continua preocupación por la recuperación plena de Monseñor, así como del bien de la comunidad diocesana en este momento tan difícil que atraviesa nuestra patria.
Agradecemos de corazón al Santo Padre, a la Congregación para los Obispo y monseñor Aldo Giordano, nuncio apostólico, su continua preocupación por la recuperación plena de Monseñor, así como del bien de la comunidad diocesana en este momento tan difícil que atraviesa nuestra patria.
El
Administrador Apostólico “Sede Plena” posee potestad ordinaria vicaria, es
decir, ejercitada en nombre del Papa; y el titular, en este caso, Mons.
William, continúa en el cargo como Obispo de Cabimas.
Por
indicaciones del Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Giordano, seguiré ayudando a
Mons. Ubaldo Santana, en el pastoreo de la Grey Marabina, como su obispo
auxiliar.
He aceptado esta designación, con obediencia, pronta y alegre, hacia el Vicario de Cristo, y con mucha fe, porque soy consciente que el Señor me otorgará las gracias para desempeñar cabalmente esta misión.
He aceptado esta designación, con obediencia, pronta y alegre, hacia el Vicario de Cristo, y con mucha fe, porque soy consciente que el Señor me otorgará las gracias para desempeñar cabalmente esta misión.
Vean
en mi a un ‘’Servidor de todos”, fiel prudente y bondadoso, que quiere dar lo
mejor de sí, que le gusta trabajar en forma sinodal, y que confía plenamente en
el papel importante de todos los fieles cristianos en la edificación del Pueblo
de Dios.
En el tiempo prudencial que estaré cumpliendo esta misión, los sacerdotes serán los primeros destinatarios de mis desvelos, pues creo firmemente que cada uno de ellos es una transparencia real viva y eficaz de Jesús, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia; son los colaboradores inmediatos del obispo, y que el bien de la Iglesia depende principalmente de la santidad y la fidelidad de sus pastores. Seré para ellos, padre, pastor hermano y amigo. A los seminaristas, a quienes ya conozco personalmente, les invito a seguir preparándose seriamente para que sean, en el futuro, los pastores que la Iglesia necesita.
Los religiosos y religiosas, recibirán mi atención y mi profundo agradecimiento por el bien inmenso que hacen a la Iglesia, en los ámbitos de la educación, salud y evangelización, y su testimonio de santidad, que prefigura lo que seremos en la otra vida.
En el tiempo prudencial que estaré cumpliendo esta misión, los sacerdotes serán los primeros destinatarios de mis desvelos, pues creo firmemente que cada uno de ellos es una transparencia real viva y eficaz de Jesús, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia; son los colaboradores inmediatos del obispo, y que el bien de la Iglesia depende principalmente de la santidad y la fidelidad de sus pastores. Seré para ellos, padre, pastor hermano y amigo. A los seminaristas, a quienes ya conozco personalmente, les invito a seguir preparándose seriamente para que sean, en el futuro, los pastores que la Iglesia necesita.
Los religiosos y religiosas, recibirán mi atención y mi profundo agradecimiento por el bien inmenso que hacen a la Iglesia, en los ámbitos de la educación, salud y evangelización, y su testimonio de santidad, que prefigura lo que seremos en la otra vida.
Los
agentes de pastoral, que trabajan en las diferentes instituciones de la
Iglesia, les animo a seguir adelante, siendo “sal y luz de la tierra”,
“levadura en la masa”’ y “testigos creíbles de la resurrección de Jesús”, y que
juntos, vayamos al encuentro de los empobrecidos, los desplazados, los ancianos
abandonados, los enfermos no atendidos convenientemente, para seguir el llamado
del Papa Francisco: “abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo,
las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos
provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos,
y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de
nuestra amistad y de nuestra fraternidad” (MV, 15)
Y,
como Buen Pastor, entraré en contacto directo y personal, con los que profesan
otra fe, con los alejados y con los que han abandonado la fe.
Agradezco
a todos ustedes su oración, su cooperación y su compromiso, para que sigamos
construyendo la civilización del amor, y continuemos sembrando los valores
evangélicos, de tal manera que la Iglesia sea signo de unidad e instrumento de
paz y esperanza entre los hombres, en esta sociedad venezolana tan polarizada
por posturas políticas e ideológicas.
Pedimos a Dios, y a su Santísima madre, Nuestra Señora del Rosario, y San Benito de Palermo, por el Pastor de esta Diócesis, Mons., William, a fin de que recupere, pronta y plenamente, su salud corporal y espiritual, y pueda incorporarse de nuevo a su ministerio episcopal.
La Santísima Virgen María, que acompañó a los apóstoles en Pentecostés, nos acompañe a todos, laicos y pastores, y nos ayude a cumplir la voluntad de su Hijo.
Pedimos a Dios, y a su Santísima madre, Nuestra Señora del Rosario, y San Benito de Palermo, por el Pastor de esta Diócesis, Mons., William, a fin de que recupere, pronta y plenamente, su salud corporal y espiritual, y pueda incorporarse de nuevo a su ministerio episcopal.
La Santísima Virgen María, que acompañó a los apóstoles en Pentecostés, nos acompañe a todos, laicos y pastores, y nos ayude a cumplir la voluntad de su Hijo.
+Mons.
Ángel Caraballo
Administrador
Apostólico “Sede Plena” de Cabimas y
Obispo
Auxiliar de Maracaibo.



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