martes, 28 de noviembre de 2017

SALUTACIÓN DEL ADMINISTRADOR APOSTÓLICO “SEDE PLENA”, MONSENOR ANGEL CARABALLO, AL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN CABIMAS.

Amado Pueblo de Dios que peregrina en Cabimas.
El Papa Francisco, teniendo en cuenta la salud de nuestro querido monseñor William Delgado y el bien de la Iglesia, ha tenido a bien nombrarme Administrador Apostólico “Sede Plena” de esa querida diócesis, concediéndome las facultades que, a norma del Derecho, le competen al Obispo diocesano, a partir del 28 de Septiembre del presente año. Por ser hija de la Arquidiócesis de Maracaibo y pertenecer a la misma Provincia, esta nueva tarea, la llevaré adelante con holgura y destreza.
Este nombramiento permitirá a Monseñor William, quien ya lleva doce años, dando la vida por sus fieles, tomar un tiempo para dedicarse a su recuperación física, pues sabemos que aún tiene mucho que dar a la Iglesia. A él agradecemos, su generosidad, cercanía, jovialidad y su amor incondicional a esta diócesis; y nos comprometemos a orar por él.
Agradecemos de corazón al Santo Padre, a la Congregación para los Obispo y monseñor Aldo Giordano, nuncio apostólico, su continua preocupación por la recuperación plena de Monseñor, así como del bien de la comunidad diocesana en este momento tan difícil que atraviesa nuestra patria. 
El Administrador Apostólico “Sede Plena” posee potestad ordinaria vicaria, es decir, ejercitada en nombre del Papa; y el titular, en este caso, Mons. William, continúa en el cargo como Obispo de Cabimas.
Por indicaciones del Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Giordano, seguiré ayudando a Mons. Ubaldo Santana, en el pastoreo de la Grey Marabina, como su obispo auxiliar. 
He aceptado esta designación, con obediencia, pronta y alegre, hacia el Vicario de Cristo, y con mucha fe, porque soy consciente que el Señor me otorgará las gracias para desempeñar cabalmente esta misión. 
Vean en mi a un ‘’Servidor de todos”, fiel prudente y bondadoso, que quiere dar lo mejor de sí, que le gusta trabajar en forma sinodal, y que confía plenamente en el papel importante de todos los fieles cristianos en la edificación del Pueblo de Dios.
En el tiempo prudencial que estaré cumpliendo esta misión, los sacerdotes serán los primeros destinatarios de mis desvelos, pues creo firmemente que cada uno de ellos es una transparencia real viva y eficaz de Jesús, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia; son los colaboradores inmediatos del obispo, y que el bien de la Iglesia depende principalmente de la santidad y la fidelidad de sus pastores. Seré para ellos, padre, pastor hermano y amigo. A los seminaristas, a quienes ya conozco personalmente, les invito a seguir preparándose seriamente para que sean, en el futuro, los pastores que la Iglesia necesita.
Los religiosos y religiosas, recibirán mi atención y mi profundo agradecimiento por el bien inmenso que hacen a la Iglesia, en los ámbitos de la educación, salud y evangelización, y su testimonio de santidad, que prefigura lo que seremos en la otra vida.
Los agentes de pastoral, que trabajan en las diferentes instituciones de la Iglesia, les animo a seguir adelante, siendo “sal y luz de la tierra”, “levadura en la masa”’ y “testigos creíbles de la resurrección de Jesús”, y que juntos, vayamos al encuentro de los empobrecidos, los desplazados, los ancianos abandonados, los enfermos no atendidos convenientemente, para seguir el llamado del Papa Francisco: “abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de nuestra fraternidad” (MV, 15)
Y, como Buen Pastor, entraré en contacto directo y personal, con los que profesan otra fe, con los alejados y con los que han abandonado la fe. 
Agradezco a todos ustedes su oración, su cooperación y su compromiso, para que sigamos construyendo la civilización del amor, y continuemos sembrando los valores evangélicos, de tal manera que la Iglesia sea signo de unidad e instrumento de paz y esperanza entre los hombres, en esta sociedad venezolana tan polarizada por posturas políticas e ideológicas.
Pedimos a Dios, y a su Santísima madre, Nuestra Señora del Rosario, y San Benito de Palermo, por el Pastor de esta Diócesis, Mons., William, a fin de que recupere, pronta y plenamente, su salud corporal y espiritual, y pueda incorporarse de nuevo a su ministerio episcopal.
La Santísima Virgen María, que acompañó a los apóstoles en Pentecostés, nos acompañe a todos, laicos y pastores, y nos ayude a cumplir la voluntad de su Hijo.

+Mons. Ángel Caraballo
Administrador Apostólico “Sede Plena” de Cabimas y
Obispo Auxiliar de Maracaibo.


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