ORDENACIÓN DIACONAL DEL
ACÓLITO KEYSY SÁNCHEZ
SANTA IGLESIA CATEDRAL DE
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
(Num. 3, 5-9; Salm. 83; Hch. 6, 1-7;
Mt. 20, 17-20)
CABIMAS.
Muy apreciadas
religiosas,
Querida
familia del acólito Keysy,
Muy amados
hermanos y hermanas en el Señor,
Ya a las
puertas de celebrar la Semana Santa, el Señor, fuente de todos los dones y
beneficios, nos sorprende con el regalo de un diácono, para que, en medio de la
comunidad, represente a Cristo, que vino a servir y no a ser servido, como
hemos escuchado en el Evangelio que acabamos de proclamar.
En efecto, el
acolito, Keisy Sánchez, después de haber realizado un largo proceso de
formación y de acción pastoral, y teniendo el parecer positivo del Rector del
Seminario y del Consejo de Órdenes, recibirá por imposición de mis manos y la
oración consecratoria, el sacramento del orden, en el grado del diaconado.
El Libro de
los Hechos de los Apóstoles nos habla de la institución de los primeros
diáconos para que atendieran a los pobres de las primeras comunidades
cristianas. Y el Evangelio, nos describe las virtudes que debe tener aquel que
ha sido considerado idóneo para acceder al ministerio diaconal.
Querido Keisy,
el ministerio que recibirás es un don de Dios, pues ha sido él quien te ha
llamado y quien, a través de mi persona, hará posible que te configures a
Cristo, servidor del pueblo. ¡No se te olvide nunca esto! Ninguno de los que
hemos recibido esta Gracia somos merecedores de tal don, de manera que puedes
decir como San Pablo “doy gracias a aquel
que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró
digno de confianza al colocarme en el ministerio” (1Tim. 1, 12).
El Señor se
valió de personas y acontecimientos concretos para darte a conocer qué quería
él de ti. Me contaste que la llamada la sentiste por primera vez en una semana
santa, cuando tenías 7 años, al ver una serie que se llamaba “Jesús de
Nazaret”. Me dijiste “Ese hombre me impactó y atrajo de tal manera
que al año siguiente estuve frente al televisor de mi casa justo a la misma
hora que se había transmitido la serie el año anterior para volverla a ver.
Aunado a ello, de 1er a 3er grado en la escuela Petete, ubicada en el sector
Ambrosio, recibí mis primeras nociones de religión, donde me enseñaron a rezar
el Padre nuestro, el Ave María y el Ángel de mi guarda”.
Posteriormente,
gracias a una amistad, comenzaste a asistir a la Santa Misa. Y, el haber
ingresado a la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, constituyó para ti una
bendición, ya que, a los 28 años de edad, recibiste el perdón de tus pecados, a
través del sacramento de la confesión, y la primera comunión. Desde ese
momento, no te has apartado del Señor, y diariamente, cuando seas presbítero y
celebres la Santa Misa, dirás “haz,
Señor, que jamás me separes de ti”.
Ha sido el
Señor quien ha conducido tu vida, y te ha traído hoy al altar de la mano de tu
queridísima madre, Yudith Josefina Rodríguez Pérez, mujer que te inculcó
valores de respeto hacia los mayores, amor y dedicación al estudio. Espíritu de
servicio, dedicación y entrega a la familia, cuidado de tus hermanos. Fue y
sigue siendo para ti una mujer grandiosa e importante en tu vida. Juntos han
crecido en la fe católica, en el amor a María y la vivencia del servicio
apostólico. El Papa San Pio X dijo una vez “¡CADA VOCACIÓN SACERDOTAL
PROVIENE DEL CORAZÓN DE DIOS, PERO PASA POR EL CORAZÓN DE UNA MADRE!”.
Este don, que
se te dará, te facultará para que ejerzas tres diaconías, o servicios, en la
comunidad cristiana:
—La diaconía de la Palabra. Dentro de algunos minutos,
te entregaré el Evangelio, y te diré: “Recibe el Evangelio de Cristo, del
cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y
lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”.
La Iglesia nos invita, en
primer lugar, a ser escuchadores y meditadores de la Palabra, de manera que
ella transforme nuestra vida, y así poder transmitir a otros lo que previamente
hemos contemplado. En Palabras del Papa Francisco: “antes de preparar concretamente lo que uno va a decir en la
predicación, primero tiene que aceptar ser herido por esa Palabra que herirá a
los demás, porque la Palabra es viva y eficaz como una espada” (EG, 150).
—La diaconía
de la Liturgia: desde el principio, el ministerio del diácono ha estado
vinculado a la liturgia. En este aspecto, el diácono cumple la función de
servir y asistir al Obispo y al presbítero en la celebración litúrgica,
especialmente en la Eucaristía, de la cual el diácono debe sacar las fuerzas
necesarias para identificarse, cada vez más, con Cristo Servidor de la
comunidad.
—Y se te
pedirá, de modo especial, ejercer la diaconía de la caridad a los más pobres. Provienes,
Keysi, de una familia pobre, y sabes, por experiencia propia, cuánto sufren los
que menos tienen, porque no poseen las cosas básicas para vivir dignamente.
Además, has de tener presente que la Iglesia Venezolana, en los documentos del
Concilio Plenario de Venezuela, ha hecho la opción preferencial por los pobres,
opción que el Papa Francisco, en su exhortación apostólica, El gozo del Evangelio, la tiene como
criterio fundamental en la evangelización: “a
quiénes debemos privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una
orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo
a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a
aquellos “que no tienen con qué recompensarte” (Lc 14, 14). No deben quedar
dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y
siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la
evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino
a traer” (EG, 48).
Tenemos en la
historia de la Iglesia el aleccionador ejemplo de San Lorenzo, diácono de
Iglesia de Roma, en el siglo tercero. El alcalde de Roma, que era un pagano muy
amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: "Me han dicho que
los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en
sus celebraciones tienen candeleros muy valiosos. Vaya, recoja todos los
tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para
costear una guerra que va a empezar".
Lorenzo le
pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la
Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos,
huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con
sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al
alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le
aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador".
Llegó el
alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante
colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le
dijo: "¿por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la
iglesia de Cristo!".
Te tocará, por
tanto, cuidar los tesoros más preciado de la Iglesia: los pobres, porque ellos
son la “carne de Cristo”, a través de ellos puedes palpar y sentir a Jesús.
Para cumplir esta labor, debes seguir el consejo que nos da Jesús en el
Evangelio: no seguir el ejemplo de aquellos que, aprovechándose de su posición
de poder, dominan como señores absolutos y oprimen a los más necesitados, es
decir en vez de servir al pueblo, se sirven del pueblo.
Sigue, Keisy, el ejemplo de Jesús, que “vino a servir y no a ser servido
y dar la vida”. Procura vivir para los demás, y olvidarte de ti mismo, de tus
comodidades, de tus intereses y de tus proyectos personales. Que puedas decir,
como San Pablo: “mi vida es Cristo”.
Los fieles de esta Iglesia de la Costa Oriental del Lago quieren ver en
ti a Cristo Servidor. Para terminar, te
doy dos consejos que una vez dio el Papa Francisco a un grupo de diáconos:
. Vive la disponibilidad. El servidor aprende cada día a renunciar a
disponer todo para sí y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada
mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que
serán para vivirlos como una entrega de sí.
. El que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil
de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y
abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de
Dios. El siervo sabe abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que
están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir
algo que le gusta o el descanso que se merece.
Te encomiendo a Nuestra Señora del Rosario, la servidora fiel y
obediente a los designios de Dios, el gran regalo que Jesús nos hizo en el
momento en que iba a ofrecerse en sacrificio por todos. Que ella se muestre
hacia ti como madre, llena de piedad y amor. Amén.
+Mons. Ángel Caraballo
Administrador Apostólico de Cabimas y Obispo Auxiliar de Maracaibo


No hay comentarios:
Publicar un comentario