MENSAJE DE CUARESMA 2.018
Queridos fieles que peregrinan en la Costa Oriental
del Lago,
Me dirijo a
ustedes, al inicio de este tiempo de Cuaresma, que hemos comenzado con la
imposición de cenizas, para exhortarles, con el apóstol San Pablo: “En nombre de Cristo, les pedimos que se
reconcilien con Dios” y a “no echar
en saco roto la gracia de Dios’’ que recibiremos, si realmente nos
convertimos de corazón al Señor, fuente de todos los dones y beneficios, y
único capaz de satisfacer los deseos más profundos del corazón humano.
¡Es tiempo de
conversión, amados hermanos!
Jesús, en el
momento que extendió sus brazos en la cruz, abrazó los cuatro puntos cardinales
del espacio y el tiempo, y ha convertido nuestra historia (cada una de nuestras
circunstancias y fatigas, y aún nuestros pecados) en tiempo de gracia, lugar de
encuentro entre dos abismos, el de la Misericordia del Padre y la miseria del
hombre.
La Iglesia, a
través de este tiempo de preparación, nos invita a actualizar, a hacer presente
aquí y hoy, el misterio de nuestra redención. Así como Moisés, antes de recibir
las tablas de la ley, subió a la montaña y pasó 40 días de oración y ayuno (Ex.
34, 28), al término de los cuales, regresó con su rostro resplandeciente,
porque había hablado con Dios, también hoy, el cristiano, durante estos 40 días
de cuaresma está llamado a encontrarse personalmente con el Señor, para poder
cumplir su misión de ser ‘’sal y luz del
mundo’’.
Y todo esto será
posible, si incrementamos, precisamente, durante este tiempo las obras propias
que la Iglesia nos invita a realizar: la oración, el ayuno y la limosna. La oración, que nos recuerda nuestra total
dependencia de Dios, pues sin él no
podemos hacer nada, en él somos, nos
movemos y existimos. El ayuno, que nos ayuda a tener dominio sobre nosotros
mismos y a no seguir las apetencias desordenadas de la carne. La Limosna, la
bendita caridad, que nos invita a salir de nosotros mismos, para encontrarnos
con el hermano, especialmente con el más necesitado.
En su mensaje de
Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos recuerda “El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos
ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío.
Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo
de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo
de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con
los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia”
Mi gran deseo es
que, en este tiempo, se multiplique las obras de asistencia y promoción social
dirigida a los más pobres, que, en estos últimos años, lamentablemente, han
aumentado considerablemente. La Campaña Compartir ‘’Aportemos a la nutrición de nuestros niños y niñas”, se dirige a
contrarrestar el problema de la desnutrición infantil a través del programa
SAMAN Y VIVEROS en perspectiva del reconocimiento de la dignidad de hijos de
Dios y ante la exigencia del evangelio de dar de comer al hambriento (MT 25,
35), con la clara convicción en las palabras de Jesús ‘’Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos
más humildes, por mí mismo lo hicieron’’ (Mt. 25, 40).
Junto a lo anterior, les recuerdo a los
sacerdotes que deben ser generosos en la administración del sacramento de la
confesión, a través del cual los fieles se reconcilian con Dios y la Iglesia.
Aprovecho el
momento para informarles que, a partir del 19 de febrero, entrará en vigencia
las ofrendas voluntarias que los fieles están invitados a dar en ocasión de
recibir un servicio de la Iglesia. Si nos sentimos miembros de la Iglesia,
asumimos también como nuestras sus necesidades, especialmente el sostenimiento
de los sacerdotes. Recordemos que los sacerdotes no perciben un sueldo del
gobierno ni de la diócesis, y se sostienen por las ofrendas que los fieles dar
en las celebraciones litúrgicas. Ellos forman parte también de este pueblo que
sufre toda clase de calamidades. No los dejemos solos.
Les invito,
asimismo, a la ordenación diaconal del acólito Keysi Sánchez que, después de
culminar sus estudios y su etapa pastoral, el Consejo de Órdenes ha considerado
idóneo para recibir este sacramento. La Ordenación tendrá lugar el 17 de Marzo,
en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús.
Agradezco,
finalmente, el aporte que hicieron en la Campana “Apoya a tu Iglesia”, la
cual arrojó un monto de 11.441.128, que ha servido para sufragar algunos gastos
de funcionamiento de la Curia Diocesana. Estamos a la espera de recibir todos
los aportes, ya que algunas parroquias no lo han hecho, para publicar la lista.
Mons. William
sigue recuperándose satisfactoriamente en Caracas. Les envía su saludo y su
bendición de padre y pastor. Sigamos rezando por él.
Oremos, por tantas personas que han cruzado la frontera, buscando en
otro lugar lo que su país le ha negado, “ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas
ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro
imposible de construir. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para
encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede
disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz”, como nos recuerda el papa
Francisco (Jornada Mundial de la Paz 2018).
Les deseo una
santa cuaresma para que podamos vivir una feliz y fructífera Pascua de
Resurrección. Cristo, nuestro Maestro, va delante de nosotros, sigámosle
agarrados de la mano de su Madre, de nuevo hacia la casa del Padre.
¡Dios les bendiga
y cuide!
Dado en Cabimas, el 14 de febrero de 2018, Miércoles de Ceniza.
Mons. Ángel Caraballo
Administrador Apostólico de Cabimas y Obispo Auxiliar de Maracaibo.

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