¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!
Hace
5 años, un día como hoy, en mi diócesis de Ciudad Guayana, en la cual serví 22
años como presbítero, recibí la ordenación episcopal. Doy gracias a Dios, y a
la Santa Iglesia, por haberme conferido este don inmerecido, que me convirtió
en un sucesor de los apóstoles, y que debe seguir el consejo del Señor: “ser el último y servidor de todos”
Quiero
recordar en este aniversario a Su Eminencia Cardenal Pietro Parolin, quien fue
uno de los ordenantes principales de la consagración episcopal.
Cuando
el 19 de noviembre, Su Eminencia Pietro Parolin, otrora Nuncio Apostólico en
Venezuela, y ahora Secretario de Estado, me anunció que el Papa Benedicto XVI,
me había nombrado obispo auxiliar de Maracaibo, yo le respondí que siempre he
sido un hombre obediente y, si habían visto en mí las cualidades para servir a
la Iglesia desde ese ministerio, aceptaba, pues nunca le había negado nada a la
Iglesia de la cual he recibido todo.
También
le expresé que confiaba en las palabras de Santo Tomás de Aquino: “a los que Dios elige para una misión los
dispone y prepara de suerte que resulten idóneos para desempeñar la misión para
la que fueron elegidos”. Y que confiaba en sus oraciones, su consejo y
compañía.
Él me
invitó a la Capilla de la Nunciatura, oramos un poco, y, posteriormente,
escribí la carta de aceptación al Papa Benedicto XVI. Después de una larga
conversación, en la cual hablamos sobre la Arquidiócesis de Maracaibo,
almorzamos, y me dijo que el nombramiento se haría público el 30 de noviembre,
fiesta de San Andrés, y clausura de los ejercicios espirituales de los
sacerdotes de Ciudad Guayana.
Con
gusto, aceptó ser uno de los ordenantes principales, al lado de Mons. Ubaldo
Santana, y Mons. Mariano Parra, otrora obispo de Ciudad Guayana. El día previo
a la ordenación, recité la Profesión de Fe en mi parroquia de origen, Nuestra
Señora de Fátima. Al final de la celebración, me dijo su Eminencia, que quedó
gratamente edificado por la celebración y el amor que me tenía Ciudad Guayana.
Posteriormente,
en el mes de septiembre, al llegar a Caracas, después del Curso de Obispo de
reciente nombramiento en Roma, lo llamé para despedirme, ya que él saldría al
día siguiente a la Ciudad Eterna. Tuvo la delicadeza de invitarme a la Nunciatura,
hicimos una breve evaluación de mis primeros meses como obispo, y compartimos
la cena.
Un
sabio sacerdote, una vez me dijo: “cuidado
con los inicios”, “comienza con bien
pie” “busca el consejo de los
prudentes”. Doy gracias a Dios, porque puso en mi camino a este hombre de
Dios, quien, por su inteligencia, espiritualidad, corazón humilde y prudencia,
es el primer consejero del Papa Francisco.
En el
año 2.016, con motivo de la Clausura del Jubileo Extraordinario de la
Misericordia, y la entrega del Capelo Cardenalicio a su Eminencia Baltazar Porras,
en Roma, tuve la oportunidad de hablar nuevamente con monseñor Pietro Parolín,
quien guarda un bonito recuerdo de Venezuela, y ha tenido una participación
activa para solucionar la grave crisis que atraviesa nuestro país.
El
próximo 22 de febrero, día de su proclamación como cardenal, y día en que
monseñor Ubaldo me presentó a la Grey Marabina, volveré a dar gracias a Dios,
fuente de todos los dones y beneficios, y le pediré que me agarre bien de su
mano, para que sea un servidor de todos, fiel, sabio, bueno y prudente.
Actualmente,
tengo tres nombramientos: Obispo Titular de Dagno, Auxiliar de Maracaibo y
Administrador Apostólico de Cabimas. Para cumplir bien esta misión sigo
contando con la oración de todos ustedes.
A
todos: a mi numerosa familia, a Mons.
Ubaldo Santana, al presbiterio de Maracaibo, de Cabimas y Ciudad Guayana, a las
Religiosas y Religiosos, y a los laicos, con San Agustín, les digo: “¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón,
pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras: “Gracias a
Dios”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor
alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad”. Por
eso, les doy unas sentidas y sinceras GRACIAS.
Suplico
a la Santísima Virgen María, a quien estoy consagrado, que me siga bendiciendo.
A Ella, que dijo “SI”, para que el Verbo se hiciera carne; A Ella, que estuvo
en las bodas de Caná, cuando Jesús inició su ministerio público, y en
Pentecostés, cuando el Espíritu hizo surgir la Iglesia, me encomiendo
filialmente. El Santo Espíritu de Dios guie mis pasos en la senda de ser útil, y
prestar siempre el servicio que nuestra Santa Iglesia requiere. ¡Amén!
Mons. Ángel Caraballo
Administrador Apostólico de Cabimas y Obispo Auxiliar
de Maracaibo.

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